Mi camino hacia un estilo de vida saludable

Hoy ando muy contenta y muy positiva. Cada vez estoy más cerca de mi meta, me encuentro en un peso que tenía hace 4 años. Me falta muchísimo por bajar, voy a la mitad del camino aproximadamente. Me encanta que la masa de grasa va disminuyendo y mi masa muscular se ha logrado mantener gracias al ejercicio. Veo que cada esfuerzo diario que hago ha valido la pena. Ha sido difícil, no lo niego; primero me saboteaba a mí misma rompiendo la dieta por días y comiendo mal, obviamente no había resultados favorables, después era luchar contra los sabotajes externos, como que tus amigos te regalen comida sin valor nutricional o te pongan tentaciones enfrente sin que ellos tengan malas intenciones hacia tus metas.  

Las dietas que dan los nutriólogos generalmente funcionan, siempre y cuando las cumplas al pie de la letra. Caemos en el error de ir al gimnasio  o bajar 1 kg y premiarnos con comida, que generalmente es comida chatarra o cargada de grasas saturadas y carbohidratos simples. Alguna vez leí en un artículo que no nos premiemos con comida como si fuéramos perritos, mejor hay que darnos algo que nos guste mucho, un labial, unos zapatos, una blusa linda, ropa deportiva, etcétera. 

No hay que ver a la dieta como un martirio que estamos esperando a que se termine para volver al estilo de vida de anteriormente teníamos. ¿Por qué creemos que haciendo lo mismo de antes no vamos  volver a ser los mismos de antes? Si volvemos a comer mal, comida no nutritiva, es obvio que vamos a volver a subir de peso, nos vamos a sentir cansados y desarrollar problemas de salud. Debemos cambiarnos el chip y no pensar en la dieta como un castigo, sino como un nuevo estilo de vida que vamos a aprender y adoptar por el resto de nuestras vidas. Es muy importante pensar qué beneficios o perjuicios causan a nuestro cuerpo los alimentos que ingerimos. Muchos años de mi vida he hecho dietas, cambiando de nutriólogos a cada rato, llegué a tomar pastillas para bajar de peso y todos funcionaron; el problema estaba en mí, no en las pastillas o los nutriólogos. El rebote era inminente porque volvía a cometer los  mismos errores de antes, nuevamente comía no saludable y me daba atracones de comida chatarra.

Mi decisión es firme, estoy más madura, informada, ya no quiero ser delgada, ahora mi meta es ser una mujer saludable. Cuando voy con la nutrióloga no me pongo tan ansiosa cuando me da mi peso, me interesa que me diga que mis medidas y porcentaje de grasa ha bajado y que he construido o mantenido músculo. Mi meta es tener un cuerpo tonificado y fuerte. Cada gramo perdido de grasa, cada gramo de músculo mantenido, cada repetición de ejercicio que me agota y el dolor muscular que siento al otro día son gracias a mi esfuerzo, poco a poco he aprendido a decir NO a las tentaciones, a decir SI a la comida natural, a levantarme de lunes a viernes a las 5 de la mañana para hacer ejercicio, a hacer mi comida con planeación y llevarla al trabajo para no tener que comprar comida en algún restaurante o en la calle. Lo más importante de todo es que he dejado de compararme con otras mujeres, cada día amo más mi cuerpo y me sorprende de lo que es capaz de hacer, ya sé que yo mando, es mío y el cumple mis órdenes; lo amo y por eso lo cuido.

Muchos me dicen “de todos modos nos vamos a morir y que por eso ellos disfrutan la comida”. Yo también disfruto la comida, he aprendido a comer sano y disfruto cada bocado, es cuestión de hacer un hábito; no les voy a mentir que de repente tengo antojos, pero mis metas son claras y trato de mantenerme enfocada, para eso tengo un “cheat meal” a la semana, ahí aprovecho a comer lo que realmente se me antoje sin caer en el exceso; pero tengan en cuenta que es solo una comida a la semana, no un día completo. Yo sé que me voy a morir algún día, no sé si moriré vieja o joven, pero si muero vieja no quiero pasar 15 o 20 años sufriendo una enfermedad crónica como diabetes, obesidad o hipertensión. Y si muero joven quiero disfrutar volver a correr sin que me duelan las rodillas, dejar de sentirme acomplejada, correr con mis sobrinos, bailar sin cansarme, disfrutar de caminatas largas sin perder el aliento, quiero sentirme bien, quiero ser sana. 

No es fácil cambiarse el chip, tengo 30 años y de repente sale el diablito en mi hombro diciéndome que compre comida chatarra, con más frecuencia entra la razón y me recuerda el efecto que tiene en mi cuerpo. Desde que tenía 16 años vivo fuera de casa de mis papás y mi alimentación se basaba en comida rápida, chatarra, procesada y bebidas azucaradas. Cuando decidí hacerme vegetariana empecé a investigar sobre los efectos de ese estilo de vida en la salud porque no quería enfermarme y ser una vegetariana debilucha poco saludable, y no me había dado cuenta que siendo omnívora con sobrepeso grado 2 y sin actividad física, ya era una persona debilucha y nada saludable.

Mi intención no es convencerlos que se vuelvan vegetarianos por salud y que dejen la carne, pueden ser saludables comiendo o no comiendo carne, esa decisión ustedes la toman; obviamente me encantaría que el mundo se volviera vegetariano, me duele ver a los animales sufrir y sé que el veganismo es la solución eficiente para combatir el cambio climático. Me gustaría que mi testimonio y el camino que me queda por seguir les sirvan de inspiración para que se cuiden y amen su cuerpo, gánense ese éxito, no hay dietas milagros con resultados permanentes, cada uno de nosotros somos capaces de lograr cosas grandes, dense la oportunidad de vivirlo. ¿Para qué comprar malteadas procesadas que dicen que dan todos los nutrientes necesarios, curan enfermedades y bajan tus niveles de grasa,  si los tenemos al alcance de la mano? Esos nutrientes se encuentran en la naturaleza, son económicos y se llaman frutas y verduras.

Los invito a investigar lo que consumen, busquen documentales y journals de investigación científica, no se dejen llevar por la mercadotecnia o por lo que le contó la vecina. Tenemos acceso a internet y a un mundo infinito de información, usemos el sentido común y hagamos nuestro propio criterio.

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